Permite que te ayuden
Dios nos ordena que amemos al prójimo y una forma de amar a las demás personas como Dios manda es permitiendo que nos amen.
Recientemente una amiga me contaba sobre lo difícil que para ella es pedir ayuda a los demás, y me recordó a mí mismo hace 20 años.
En aquel momento mi forma de pensar era: "no quiero depender de nadie" y no le pedía ayuda a las personas, "todo lo podía solo", y en efecto, rara vez necesitaba ayuda, o al menos eso era lo que yo creía.
Y así fue por muchos años, hasta que estudié Psicología, y en medio de una clase salió el tema. Un profesor me dijo algo que cambió esa forma de pensar saturada de orgullo. Mi profesor nos dijo que, aunque no necesitemos ayuda, siempre es bueno pedirla, porque las personas a nuestro alrededor están anhelando ayudarnos y, para quienes creemos en Dios, esto va más allá: al no pedir ayuda les estamos negando a otros las bendiciones resultantes de ayudarnos.
¿Cómo les estamos negando las bendiciones resultantes de ayudarnos?
Cuando las personas ayudan a otros, cuando están mostrando amor a los demás, como resultado se llenan de paz y alegría, además de sanar heridas. Ese profesor, de hecho, es el mismo de otra gran enseñanza en la vida: ¿cuáles han sido tus momentos más felices en la vida? Aquellos en que has estado llevando amor al prójimo; tanto es así que, al hacerlo frecuentemente, puedes estar feliz aun en los momentos más duros de la vida. De hecho, ese es mi secreto y el porqué usualmente puedo recuperar la alegría en instantes, a pesar de estar viviendo situaciones difíciles.
Cuando no les permitimos ayudarnos, estamos retrasando esas bendiciones para tales personas y, en algunos casos, sin percatarnos, estamos abriendo heridas y fomentando rencores.
Desde que mi profesor nos dio esa lección de vida, intento pedir a personas que me ayuden, aun cuando no sienta que lo necesito.
Con el paso del tiempo, Dios profundizó la enseñanza, haciéndome ver que ser independientes es un mito, somos seres totalmente dependientes de los demás, aunque no estemos conscientes de ello.
- ¿Tenemos vehículo? Dependemos por completo de las personas en la gasolinera y quienes transportan el combustible.
- ¿Vivimos solos? Dependemos por completo de las personas donde compramos nuestro alimento para subsistir, y de las personas que lo producen.
Para mí, aquella forma de pensar en mi juventud era algo normal, y con el tiempo Dios me reveló que era orgullo.
Permitamos siempre a las demás personas que nos ayuden, aunque creamos que no lo necesitamos.
"Permitir que nos amen es, en esencia, permitir que la gracia divina fluya a través de ellos hacia nosotros."

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